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F. Alberto Ferrer
Ejido España
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Toro Sentado
Fecha: 21-09-2017 - 00h00   Modif.: 22-01-2018 - 10h07




Inteligente, carismático, aficionado a las artes espirituales, muy joven fue acogido en la comunidad de los 

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Publicado por: F. Alberto Ferrer
Fuentes y autores: Pueblos Originarios

Tatanka Iyotake, en realidad “Bisonte macho sentado”; el nombre Toro Sentado llegó al español con la traducción del apelativo inglés "Sitting Bull", "bull" además de significar "toro" se utiliza para denominar a animales machos similares a los vacunos.
Nació en la región del Gran Río, hoy Dakota del Sur.
Su etnia, los hunkpapas, pertenecía a las siete tribus que formaban el poderoso pueblo de los sioux teton.
Inteligente, carismático, aficionado a las artes espirituales, muy joven fue acogido en la comunidad de los "Corazones Fuertes". La participación en esa comunidad de guerreros suponía un gran honor. Pronto, Toro Sentado contaría hasta más de sesenta victorias personales sobre sus enemigos. Su fama como guerrero creció y fue nombrado jefe en 1860.
<>Batalla de Little Big Horn. 25 de junio de 1876

Fue parte de la Gran Guerra Sioux. Ocurrió cerca del río Little Bighorn en Montana, entre el 7º Regimiento de Caballería del Ejército de los Estados Unidos dirigidos por el general George Custer y una fuerza combinada de Sioux y Cheyenne dirigidos por Toro Sentado. Custer subestimó el tamaño de las fuerzas nativas y condujo a la muerte a sus hombres.
Mensaje de Tatanka Iyotake (1875)

¡Observad hermanos, la primavera ha llegado; la tierra ha recibido el abrazo del sol, y pronto veremos los frutos de ese amor!

Todas las semillas despiertan, igual que cobran vida los animales. A este poder misterioso debemos, también nosotros, nuestra existencia; por eso atribuimos a nuestros vecinos, incluso a nuestros vecinos los animales, el mismo derecho que tenemos nosotros de residir en esta tierra.

Pero, escuchadme todos, ahora tenemos que hacer frente a otra raza, escasa y débil cuando nuestros padres entraron en contacto con ella por primera vez, más extendida y arrogante en nuestros dias. Por extraño que parezca, se han empeñado en cultivar la tierra y están enfermos del afán de posesión.

Estas gentes han establecido muchas reglas que los ricos pueden saltarse, pero no los pobres. Recaudan impuestos de los pobres y los débiles para mantener a los ricos que gobiernan.

Reivindican nuestra madre tierra, la de todos, para su disfrute particular y se atrincheran contra sus vecinos; desfiguran la tierra con sus construcciones y sus inmundicias.

Esta nación es como un torrente de nieve fundida que desborda su lecho y lo arrasa todo a su paso.

Resulta imposible convivir con ellos.
</>El solemne tratado de Fort Laramie de 1868 garantizaba a los sioux que por siempre serían dueños de las Colinas Negras, su centro del mundo, el lugar sagrado donde los guerreros hablaban con los dioses.
El descubrimiento de oro en las Colinas Negras en 1874, atrajo a un sinnúmero de buscadores, lo que unido a las continuas incursiones sioux contra otras tribus o contra los constructores del ferrocarril, motivó al propio presidente Ulysses Grant ordenar a los indios que abandonaran esas tierras donde los mineros blancos buscaban el metal entre rocas y manantiales; y recurrir al "Séptimo Regimiento de Caballería" al mando de George Armstrong Custer para una operación de castigo.
En esta situación, Toro Sentado dio muestras de ser un verdadero líder y consiguió la alianza de varios jefes sioux y Cheyennes, como Caballo Loco, Agalla y Águila Moteada. Los indios se encontraban reunidos en un campamento en Little Bighorn, cuando, el 25 de junio de 1876, fueron atacados por Custer, la expedición de castigo fue aniquilada. En términos militares, la derrota tuvo poca importancia pero se utilizó como excelente arma política para justificar una guerra total contra los sioux.
En febrero de 1877, Toro Sentado huyó para refugiarse a Canadá, con tres mil jinetes, perseguido por todo el ejército norteamericano. Permanecería cuatro años. El gobierno canadiense lo toleró, aunque negó a su gente toda ayuda. Los sioux tuvieron que pasar hambre la mayor parte del tiempo, ya que también los búfalos y otras especies de caza escaseaban. Poco a poco, hambrientos y llenos de nostalgia por su patria, se pusieron en camino hacia los Estados Unidos y se entregaron a los soldados de fronteras. Hacia el verano de 1881, la tribu de Toro Sentado se había reducido a menos de doscientas personas. El 19 de julio, el jefe indio también cruzó la frontera. Se entregó en Fort Buford, donde, en otros tiempos, sus victoriosos guerreros habían atemorizado tanto a soldados como a colonos.
Dos años estuvo Toro Sentado como prisionero de guerra en Fort Randell. En 1883, fue puesto en libertad y recibió la autorización para regresar a su lugar de nacimiento, en el Grand River, en las cercanías de la reserva de Standing Rock. Entre tanto, se había convertido en una celebridad, probablemente era el indio más conocido de todo el país y todos sabían que había vencido a Custer. Recibió cartas de todo el mundo, lo entrevistaban reporteros de prensa y los jefes indios lo visitaban en busca de consejo.
<>Toro Sentado con Buffalo Bill
</>Buffalo Bill Cody, famoso explorador y artista, lo visitó en 1885, y el 6 de junio firmaron un contrato para que el jefe indio participara en el "Show del Oeste Salvaje" a través de los Estados del Este y Canadá. Anunciado como "El vencedor de Custer", Toro Sentado era la gran atracción. Los curiosos guardaban cola para verlo y comprar una fotografía con su autógrafo, que costaba veinticinco centavos. La mayor parte del dinero se la daba a los niños pobres que esperaban fuera del teatro y le seguían a todas partes. Al final de la gira, el jefe indio recibió un regalo de Buffalo Bill: un caballo gris, que estaba enseñado a sentarse y levantar una pezuña cuando oía un tiro.
En esas fechas Wovoka predicaba nuevas creencias: la vuelta de los bisontes y el tiempo en que los indios recuperarían su tierra, para conseguir la resurrección de todos los sioux muertos bastaría con que todos bailaran la "Danza de los Espíritus".
Toro Sentado no creía esas prédicas, pero permitió que los demás miembros de la tribu siguieran o no al profeta, con lo que se reunían cada día delante de su cabaña para bailar, rezar y buscar visiones de sueños, lo que a los soldados le parecía una forma de insurrección.
Así, la mañana del 15 de diciembre de 1890 una fuerza de cuarenta policías indígenas se dirigió hacia la cabaña de Toro Sentado con la intención de detenerlo. Lo sacaron de su vivienda, desnudo y a empujones, y le ordenaron que los siguiera. Toro Sentado se mostró dispuesto a acompañarlos pero pidió llevar consigo algunos enseres, una petición a la que accedieron los agentes. Entonces, el antiguo caudillo comenzó a recoger todo con la suficiente lentitud como para que un número considerable de indígenas se fuera acercando hasta el lugar y rodeara a los policías.
En ese momento, quizá envalentonado por la cercanía de sus partidarios, Toro Sentado gritó en lengua sioux:: "No voy a ir. Haced conmigo lo que queráis. No iré. ¡Vamos! ¡Vamos! ¿A qué esperáis? Adelante".
Los policías intentaron abrirse paso entre el soliviantado gentío. Se inició un tiroteo, el sargento Red Tomahawk, que hasta ese momento iba empujando por detrás a Toro Sentado, disparó a la cabeza del jefe indio; al fin, había seis policías y ocho de los seguidores de Toro Sentado muertos, entre ellos su hijo de diecisiete años, Pata de Cuervo. Los policías indios buscaron protección en la cabaña hasta que fueron rescatados dos horas más tarde por soldados. Cuando esa mañana moría Toro Sentado, aún no había cumplido los sesenta años.


 



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