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F. Alberto Ferrer
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Proyecto VENUS
Fecha: 19-02-2018 - 10h02   Modif.: 19-02-2018 - 10h02




Los defensores de Venus creen al pie de la letra en el proyecto: la abundancia, el pleno empleo y la felicidad condicionada son posibles. En contra, sus enemigos tachan las ideas de Fresco ideas de pura superchería new age, de engañabobos.

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Publicado por: F. Alberto Ferrer
Fuentes y autores: David Pérez
Antes de comenzar el escrutinio tecnológico del Proyecto Venus, erigido como una de las mayores utopías científicas modernas desde su constitución en 1995, a cargo de Jacque Fresco y Roxanne Meadows, fijemos una serie de conceptos para entender la tradición del pensamiento donde se encuadra.
Si las ciencias de la conducta estudian la capacidad de adaptación del comportamiento humano, la ingenería social es el resultado de la aplicación de la leyes de la conducta con el objetivo de moldear la sociedad, en función de las interacciones de sus individuos, en una dirección concreta: buena o mala.
El objetivo humanista del conductismo, dentro de la corriente iniciada por del filósofo social B. F. Skinner, es la creación de un sistema -político, económico, social- basado en decisiones científicas, tratando de eliminar el sufrimiento humano adaptando su comportamiento a un modelo sostenible donde la tecnología se convierte en un elemento esencial para crear una condiciones óptimas de felicidad.
Aunque no de un modSegún la teoría del refuerzo, existen tres tipos de acciones: las que nos gustan, las que nos disgustan y las que nos causan indiferencia. El objetivo de las utopías sociales inspiradas en las ciencias de la conducta consiste en el refuerzo de las primeras.
Sin embargo, la ciencia ficción nos ha mostrado el camino del control radical de la conducta. Aunque no de un modo tan extremo, lo que ocurre en Un mundo feliz -donde los seres humanos son condicionados para ser felices, evitando genéticamente el sufrimiento; o el Estado suministra a los ciudadanos drogas legales- está ocurriendo en Occidente.
Tecnología y felicidad
Las versiones blandas de la ingeniería social aspiran, por contra, a una organización equilibrada de la vida, de tal forma que el ser humano sea capaz de aplicar de forma racional los conocimientos y tecnologías a su alcance para generar un modelo de felicidad. Fue ése el pensamiento que inspiró la novela Walden Dos, donde el propio Skinner imaginó una red de ciudades de 1.000 habitantes donde la existencia, sin ningún tipo de hipérbole sospechosa de ciencia ficción, se tornaba perfecta gracias al método científico.
La disyuntiva es clara:"La disyuntiva es clara: o nos quedamos sin hacer nada y dejamos que nos devore un futuro nefasto, tal vez catastrófico, o nos servimos de nuestros conocimientos sobre la conducta humana para crear un ambiente social en el que podamos llevar una vida productiva y creadora sin malbaratar las posibilidades que los que han de seguirnos puedan tener para hacer lo mismo que nosotros", escribía en 1976.
En esa misma filosofía se basa el Proyecto Venus, aunque con un componente radicalmente tecnológico. Su ideólogo, Jacque Fresco, un gurú a medio camino entre la filosofía y la tecnología, ha alcanzado notable fama en los últimos años. Si bien los defensores de sus ideas se cuentan por millones, también sus detractores, sobre todo a raíz de la difusión del movimiento a través del último documental de Zeitgeist, considerado por muchos el primer culto surgido de internet.


Los defensores de Venus creen al pie de la letra en el proyecto: la abundancia, el pleno empleo y la felicidad condicionada son posibles. En contra, sus enemigos tachan las ideas de Fresco ideas de pura superchería new age, de engañabobos.
¿Son viables las propuestas tecnológicas del Proyecto Venus para sus cuidades modelo? Como veremos, sus innovaciones, por separado, no están demasiado lejos de la realidad. A nuestro alrededor existen indicios que apuntan en esa dirección, pero para alumbrar una utopía semejante tendrían que aplicarse multitud de tecnologías al mismo tiempo. Y aún así, todavía no sería posible. El cambio de paradigma propuesto por Venus implica la transformación del sistema monetario en una economía basada únicamente en los recursos.
Ciudades concéntricas y rascacielos
En cuanto al urbanismo, proponen el diseño de las ciudades en forma de círculos concéntricos. En el centro de la urbe, fácilmente accesibles, estarían los espacios públicos de afluencia masiva -escuelas, centros de salud, instituciones-, para canalizar el tránsito urbano de forma eficiente.
La idea de no es nueva. Una de las tres ciudades utópicas de Platón, la Atlántida, era, de hecho, circular. La teoría de los tres imanes, formulada por el urbanista Ebenezer Howard -concibió las ciudades jardín, que con el tiempo han terminado siendo ciudades satélite- tambien es un antecedente claro del proyecto, aunque con diferencias. Más cercano en el tiempo, el proyecto urbanístico para la reconstrucción de Londres tras la segunda guerra mundial, el Greater London Plan, estructuró la ciudad en una serie de anillos concéntricos, aunque sus objetivos eran diferentes a los de Venus: entre otros, bloquear la inmigración.
 


En ese sentido, partiendo de la idea de que el crecimiento horizontal es ineficiente, el proyecto apuesta por la construcción de grandes rascacielos, dejando espacio para zonas verdes. Además, los edificios estarían equipados con servicios mínimos, para evitar desplazamientos.
Hoy, los datos demuestran que ciudades compactas como Hong Kong o Mónaco son más eficiente energéticamente; y Manhattan se ha convertido en un modelo de diseño sostenible: un gran parque-pulmón, barrios adaptados a peatones, transporte público eficiente. Siendo la cuna del capitalismo, comparte la fórmula urbanística de Venus.
Materiales con memoria de forma
Si hablamos de materiales, los rascacielos de Venus estarían construídos de hormigón reforzado, vidrio y acero. Nada nuevo. Arquitectónicamente, con una estructura en forma de trípode, estarían preparados para resistir seismos y tornados, algo a lo que ya están acostumbrados en Tokio desde hace años. Sus rascacielos han soportado sacudidas de terremotos de 8,9 grados en la escala Richter.
La novedad la hallamos en los materiales con memoria de forma. Venus propone un modelo constructivo basado en un tipo de materiales capaces de recuperar, tras su exposición a un determinado tipo de estímulo físicos o químicos, su forma original. Fresco pone el ejemplo de la cúpula de un edificio, que tras volverse plana al aplicarle una corriente eléctrica recupera su forma original, permitiendo así múltiples reparaciones y recambios.
 


A día de hoy, no se ha aplicado ningún tipo de material con memoria de forma en la construcción. En medicina y robótica, se utiliza con éxito el ninitol (niquel-titanio) para la fabricación de prótesis o componentes. Ésta fue la primera aleación descubierta con estas propiedades, aunque hoy existen muchas más, no sólo basados en metales, también en polímeros.
La energía geotérmica
Aunque el Proyecto Venus combina todas las energías limpias, cobra especial importancia la energía geotérmica, una fuente renovable basada en el aprovechamiento del calor interior de la tierra.
Gracias a la e europeaEn teoría, se trata de una fuente ilimitada de energía en cuyo uso Islandia es un caso de éxito que tratan de imitar otros países. A día de hoy, más del 85% de su energía procede del agua volcánica subterránea.
Gracias a la energía geotérmica, Islandia abastece la mitad de las necesidades de electricidad del país, a un precio dos tercios inferior a la media europea.
Automatización de las decisiones
Uno de los puntos fuertes de Venus consiste en dotar a las ciudades de inteligencia propia, de tal forma que pueda gestionar automáticamente el consumo, los recursos energéticos, las materias primas y la producción. Existe un precedente: el Proyecto Synco, en la Chile de Allende. Entonces, no existía la tecnología adecuada, pero hoy sí.
El objetivo es que los Además, el big data entronca dentro de esta tendencia de gestión de grandes volúmenes de información. El objetivo es que los ordenadores se encarguen de la toma de decisiones, sin injerencias ideológicas, eligiendo de forma objetiva lo mejor para la mayoría, para el éxito del sistema. Cuentan que en Google no se toma ninguna decisión importante si las matemáticas no están de su lado.
En Venus, los edificios también estarán dotados de inteligencia. Proponen una serie de tecnologías que no distan demasiado de las innovaciones propuestas hoy en día por el internet de las cosas para nuestros hogares: control remoto, automatización y eficiencia. Las nuevas reglas de la arquitectura avanzan, también, hacia los edificios energéticamente autosuficientes, y las innovaciones a nuestro alcance ya están a la altura de los objetivos de Venus.
 
 
Por ejemplo, proponen cristales inteligentes, sin necesidad persianas, capaces de regular el espectro lumínico. Esta tecnología existe: no sólo se comercializan ventanas que pueden ser opacas o transparentes; hace varios meses el Instituto de Ciencia de Materiales de Barcelona (Icmab) presentó un tipo de vidrio capaz de bloquear también la radiación infrarroja: el calor.
No existe un día, en cualquier lugar del mundo, en que no se celebre un evento consagrado a las smart cities. Como el big data, está en boca de todos. Su viabilidad está fuera de dudas, y muchas capitales del mundo avanzan paso a paso hacia ellas -wifi gratuito, aplicaciones para gestionar el aparcamiento, zonas de recarga, sensores para detectar fugas de agua e incluso prevenir crímenes, pavimentos inteligentes-, aunque la preexistencia de modelos arcaicos impide el desarrollo total. Su progreso es selectivo, caprichoso y lento, como en el caso de la electricidad inalámbrica.
El proyecto Masdar Ci Songdo, la ciudad surcoreana gestionada por Cisco, y que será inaugurada en 2015, no tiene tanto que envidiar a Venus. Ocupa seis kilómetros cuadrados y ha sido creada desde cero. En ella, existen rascacielos inteligentes, un 40% de hogares ecológicos y un parque inspirado en Central Park.
En la misma línea, el proyecto Masdar City, en Emiratos Árabes Unidos, también es interesante. Albergará 50.000 habitantes, no habrá coches, no emitirá CO2 y el transporte consistirá en los trenes de levitación magnética propuestos por Venus, que por otra parte hace diez años que existen en Japón.
Distribución de los recursos
En las ciudades Venus nada está monetarizado, ni los bienes de consumo ni el ocio. La sostenibilidad del sistema se basa en la producción y utilización de los recursos en comunidad.
 


Por ejemplo, si alguien necesita un coche -por supuesto, eléctrico- tendrá que solicitarlo a un centro de distribución encargado de gestionar los recursos. En lugar de una ciudad atestada de coches, Venus propone un parque móvil común, del que puedan hacer uso los ciudadanos cuando lo precisen. 
En la actualidad, el consumo colaborativo está avanzando en esa dirección. No sólo están proliferando en las grandes ciudades los grupos de consumo, por ejemplo con huertos donde los ciudadanos tienen acceso a una serie de materias primas de forma directa. Las aplicaciones para compartir coche o para intercambiar una vivienda son, a pequeña escala, tecnologías propuestas por Venus.
Agricultura hidropónica
Se afirma que es el futuro de la agricultura, pero fue aplicada por primera vez por los aztecas. La hidroponía es un tipo de agricultura urbana, hoy en auge, donde en lugar de tierra agrícola se utiliza un sustrato basado en soluciones minerales disueltas en agua.


Además de permitir el cultivo en zonas desérticas, su rendimiento es alto y la utilización de pesticidas mínima, permitiendo al mismo tiempo la aplicación de alta tecnología para mejorar los cultivos. Jacque Fresco propone la generalización de este tipo de agricultura en las afueras de las ciudades.
En la actualidad, el Proyecto Venus no es más que un potente artefacto cultural que ha encontrado en la última crisis el momento perfecto para expandir sus ideas. De momento, sus ideólogos cuentan con un centro de investigación de 8.7 hectáreas ubicado en la localidad de Venus (Florida), donde nació el propio Fresco. Desde allí, dirigen el movimiento. Para hacerlo real, parece necesario un milagro o que alguien pulse un botón de reset que no existe. Aunque sus fundadores insisten. No es una utopía, tan solo ciencia.



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